Desde el primer post vemos que la moralidad no tiene aplicación en el mercado bajo competencia perfecta. Este olvido puede provocar que cuando regulemos un determinado intercambio, legal o contractualmente, pensando en el “homo economicus” nos encontremos que la reacción del “homo verus” será diferente a la esperada.
Samuel Bowles hace un repaso a diferentes estudios de juegos que siguen esa línea en lo que podríamos llamar la economía de los tipos agradables. En uno de ellos, Fehr y Rockenbach (2004) hicieron el siguiente experimento. Un grupo de alumnos que llamaremos “inversores” debían destinar una cantidad de dinero a otro grupo, denominado “trustee”, quienes sabiendo la cantidad transferida devolverían al inversor una cantidad. A los inversores se les dio la oportunidad de advertir que habría multas a aquellos trustees que les hubieran retornado una cantidad baja de dinero. El resultado fue que aquellos que decidieron no reservarse el derecho a establecer multas lograron unos mayores dividendos que aquellos que las establecieron.



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